La Concepción
Una de las grandes estancias argentinas, con una
superficie total de 6000 Ha, de las cuáles 200
Ha. pertenecen a un magnífico parque poblado por
lagos, estatuas y fuentes; a un lado de la casa
principal una bella capilla neogótica. Hermosos
salones con el refinamiento de otra época y el
confort de hoy. Ubicación
En el partido de Lobos, a 120 Km. De Buenos
Aires.
Alojamiento
Casa principal: 9 habitaciones, 9 baños.
Chalet: 6 habitaciones, 4 baños, un dormitorio
de 8 camas, un baño.
Anexo: 7 habitaciones, 2 baños.
Casita: 4 habitaciones, 2 baños.
Producción
Actividad agrícola y ganadera.
Actividades en
la estancia
Cabalgatas, paseos en carruajes, paseos en canoa, piscina,
tenis (cancha de polvo de ladrillo), fútbol, Polo, paleta,
volley, bicicletas, pesca y observación de la actividad
rural.
Actividades en
la zona
Golf en Lobos, a 20 Km. de la estancia, pesca
y deportes acuáticos en la laguna de Lobos.
Comida
Cocina criolla e internacional.
Convenciones
La estancia cuenta con cómodos salones aptos
para todo tipo de reuniones equipados con
atriles, rotafolios, teléfono, fax, televisión
y video.
Servicios
ofrecidos:
- Alojamiento
con pensión completa (desayuno,
copetín, almuerzo, té, copetín y
cena). Bebidas incluidas.
- Día de
campo (recepción, copetín, almuerzo
y té). Bebidas incluidas.
- Reuniones
de trabajo o convenciones con
alojamiento (desayuno, coffe break,
almuerzo, coffe break, té, copetín y
cena). Bebidas incluidas.
- Casamientos
y fiestas: De acuerdo a lo solicitado
por los clientes.
Todos
los servicios pueden ser modificados
a pedido de los interesados.
Algo de Historia
Esta estancia está situada en el partido de
Lobos, a unos 27 Km. de la ciudad y limita al sur
con el río Salado en casi toda su extensión. La
tierra fue comprada por el matrimonio formado por
Juan Blaquier y Sagastizábal y Agustina Oromí
Escalada, hija de Nieves Escalada de Oromí,
cuñada del Gral. San Martín.
Ellos fundaron esta estancia y levantaron el
primer casco. Posteriormente se adquirieron
campos linderos que agrandaron la posesión, como
la estancia "Santa Clara" de Anchorena
y "La Constitución" de Acosta y
Santamarina.
Más adelante, Juan José Blaquier y su esposa
Mercedes de Elizalde, restauraron la vieja casa,
a principios de este siglo, e hicieron construir
una hermosa capilla, levantaron varias
dependencias auxiliares y planearon el magnífico
parque que hoy se ve en todo su apogeo.
Cuando Juan José Silvestre Blaquier heredó el
establecimiento, éste ya tenía 12.000 has. La
explotación del campo se dedicó al tambo
principalmente, trabajando con hacienda Shorthon
y Holando. También se cría hacienda para el
consumo, de razas Shorthon y Hereford. La cabaña
de estas razas está ubicada en el sector llamado
"Santa Clara", cuyos productos han sido
muy premiados en Palermo.
Juan José Silvestre Blaquier, nacido en 1915, se
dedicó desde muy joven a las actividades
rurales. Aficionado al caballo, como deporte y
cabalgadura propia del trabajo rural, dedicó su
tiempo libre a jugar al polo, actividad donde
ocupó un lugar muy destacado. Fue presidente de
la Sociedad Rural en el período 1955-56.
Fatalmente su vida se interrumpió en 1958, a los
43 años, cuando desapareció en aguas de
América Central, en ocasión en que venía de
los Estados Unidos piloteando un avión que
recién había adquirido.
Entré en "La Concepción" un domingo a
la mañana en que casualmente se festejaba el
día de la madre. Toda la población de la
estancia estaba en la capilla, oyendo una misa
alusiva a la fecha. El día brillaba con toda la
gloria del sol mañanero en el campo y el calor
de octubre entibiaba la atmósfera. La capilla,
rodeada de parque, era un poema arquitectónico
con su rica aguja de hierro recortada sobre el
cielo azulino, sus paredes tizadas, su escalinata
romántica abriéndose en arco hasta tocar el
césped, sus cipreses custodios elevándose a los
costados y una enredadera caprichosa, como
flequillo primaveral cayendo desparramada sobre
la puerta abierta de par en par. Adentro, cantos
y rezos, un niño que llora, otro que tose y un
cura lugareño que da el sermón.
Finalizada la misa, los concurrentes se
desparramaron, cada uno a sus cosas. Los niños,
en cambio, se reunieron en una fiesta al aire
libre, su algarabía se escuchaba detrás de los
cercos de ligustros. Nosotros emprendimos un
paseo por el lugar, demorándonos deliberadamente
para disfrutar del espléndido día y del hermoso
paisaje que ofrece esta residencia rural. Su
cercanía con la Capital, convierte este
establecimiento en un retiro de fin de semana,
además de la larga estadía veraniega, para la
extensa familia que dejó el desaparecido Juan
José Silvestre Blaquier, la cual hace de este
casco madre, un sitio donde disfrutar realmente
de la vida en el campo.
Sobre un extenso alfombrado verde se levanta la
casa, blanca, alargada, de dos plantas, como un
paralelepípedo cuidadosamente colocado sobre un
tapiz. Sus discretos techos de pizarras dejan
pasar algunas chimeneas y algún detalle
arquitectónico sobre las puertas que dan a un
balcón superior. Adelante, una galería amplia
que abarca sólo el sector central, propone un
distinguido estar, y arriba una terraza. Un
magnífico parque entorna la residencia,
separándose de su estructura opalina, cuyas
bellas líneas, simplemente elegantes, se
identifican con una arquitectura clásica y
señorial. Un poco apartada hacia un costado, se
eleva otra casa más moderna, de ladrillos
blancos a la vista y techos de dos aguas en
distintos niveles. Es un anexo habitacional, lo
mismo que otro pabellón situado detrás.
Árboles y arbustos de adorno crecen entre las
construcciones, enmarcando prolijamente paredes
blancas y techados grises, algunos de los cuales,
como la aguja de la capilla, se levantan
airosamente sobre las festoneadas copas. En esta
parquización, cada árbol tiene la oportunidad
de lucir su forma natural completa, sin
encimarse, dejando expandir libremente sus
rameríos. Entre los claros que deja tal dignidad
botánica, se han ubicado adecuadamente delicadas
fuentes y bellas estatuas.
Hay un lago al costado del parque, cuyo contorno
se adivina por los árboles y tunas que la
costean. Pileta de natación con rico entorno de
arbustos y cipreses; cancha de tenis con cerco de
ligustros y piso de polvo de ladrillos; más
allá una cancha de pelota a paleta, evidencian
los hábitos deportivos de una familia que
disfruta de la vida al aire libre. Pasando cerca
de una torrecita con un reloj en la cúspide, se
llega a una sección especial, donde se levantan
grandes galpones de paredes caleadas y bellos
detalles arquitectónicos, que señalan la
particular importancia de su destino. Es el
albergue de los caballos de polo que se crían y
guardan aquí, cuya relación con el hombre
supera el ideal de fidelidad y confianza que se
espera encontrar en esa amistad.
Juan José Silvestre Blaquier, ferviente
entusiasta del caballo y del polo, fundó en su
estancia el afamado Club de Polo "La
Concepción", haciendo tres canchas que son
un orgullo de ese deporte tan entrañable para
nuestros estancieros. Allí se han jugado
innumerables y célebres torneos de polo y han
desfilado por sus canchas los mejores jugadores
del mundo. En 1962 en ocasión en que su Alteza
Real, el príncipe Felipe de Edimburgo visitara
nuestro país, pasó cuatro memorables días en
esta estancia, durante los cuales se jugó un
campeonato en su honor en el que participó, con
su conocida experiencia en este deporte de reyes
y de estancieros argentinos.
Otros ilustres huéspedes recibió la estancia
"La Concepción": la princesa Benedikta
de Dinamarca, Randolph Churchill. El Maharajá de
Jaipur, Elie de Rothschild y Roberto de Balkany,
Eduardo Kennedy, Henry Ford, la comitiva del Club
de París y representantes de la ODEA. También
han llegado autoridades y personalidades locales,
así como innumerables grupos ganaderos de todas
partes del mundo, que han expresado su deseo de
conocer una estancia argentina modelo y pasar un
día de campo, que es lo mejor que tenemos en la
Pcia. de Buenos Aires.
El
país de las estancias. Autora: Yuyú Guzman
Editorial: Tupac Amaru ediciones.
Junio de 1985.
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